Una bandera no es solo una tela de colores. Es un relato condensado: cuenta quiénes somos, de dónde venimos y qué decidimos recordar. La bandera de Asturias —la Cruz de la Victoria amarilla sobre fondo azul— resume en un símbolo más de mil años de historia. Y, como la lengua, es uno de los pilares de la identidad asturiana. Conviene saber leerla.

Cómo es la bandera

La descripción oficial es sencilla: un campo azul con la Cruz de la Victoria en amarillo en el centro, en proporción 2:3. Esos dos colores y esa cruz no son una elección decorativa: son una cita histórica. La cruz de la bandera reproduce una joya real que se conserva en Oviedo, y ahí empieza lo interesante.

La bandera quedó regulada por el artículo 3 del Estatuto de Autonomía del Principado de Asturias (1981) y su uso se desarrolló en la Ley 4/1990, de 19 de diciembre. Pero el símbolo que lleva es mucho más antiguo que cualquier ley contemporánea.

La Cruz de la Victoria: la joya que está detrás del símbolo

La cruz que ondea en la bandera existe físicamente. Es la Cruz de la Victoria, una pieza de orfebrería de madera de roble recubierta de oro y gemas que se guarda en la Cámara Santa de la Catedral de San Salvador de Oviedo. La donaron el rey Alfonso III de Asturias y su esposa Jimena a la iglesia ovetense en el año 908.

De sus brazos cuelgan dos letras griegas: el alfa y el omega, «el principio y el fin». Es un detalle que el aficionado a la heráldica reconoce al instante, y que en la bandera se mantiene fiel al original: la omega va en minúscula, tal como aparece en las representaciones más antiguas, como las pinturas prerrománicas de San Julián de los Prados.

En el brazo inferior, la cruz lleva grabada una inscripción en latín que se ha convertido en uno de los lemas de Asturias:

HOC SIGNO TVETVR PIVS · HOC SIGNO VINCITVR INIMICVS

«Con este signo se protege al piadoso, con este signo se vence al enemigo.»

De Covadonga a la bandera

Aquí la historia se entrelaza con la leyenda, y conviene distinguirlas. La tradición sostiene que la Cruz de la Victoria recubre la cruz de roble que el rey Pelayo enarboló en la batalla de Covadonga (hacia el año 722), el episodio fundacional del Reino de Asturias. Es una historia poderosa: el mismo madero que inició la resistencia, convertido siglos después en joya y, mil años más tarde, en bandera.

La ciencia matiza el relato: los análisis de carbono-14 sitúan la madera en época de Alfonso III, no de Pelayo. Pero eso no resta valor al símbolo, al contrario: muestra cómo una comunidad construye su identidad. Lo que importa no es solo el dato arqueológico, sino que durante más de mil años los asturianos eligieron esa cruz para representarse. El símbolo no vale por la madera: vale por lo que la gente decidió que significara.

El Día de la Bandera: el 25 de mayo

Asturias celebra su bandera el 25 de mayo, y la fecha tampoco es casual. Conmemora el levantamiento de 1808, cuando la Junta General del Principado —la institución representativa asturiana— se declaró en sesión soberana y asumió la defensa del territorio frente a la invasión napoleónica. Fue uno de los primeros alzamientos de la Península contra Napoleón, y la Junta llegó a enviar emisarios a Inglaterra en busca de apoyo.

El Día de la Bandera no celebra, por tanto, una tela: celebra un momento en que Asturias actuó como sujeto político con voz propia. La bandera se convierte así en la imagen de esa voz.

El símbolo y la lengua

Aquí es donde la bandera conecta con lo que hacemos en asturianu.org. Una identidad se sostiene sobre símbolos compartidos, y los símbolos de Asturias forman un conjunto coherente: la Cruz de la Victoria, el himno Asturias, patria querida, y la llingua asturiana. La bandera se ve; la lengua se habla. Ambas cuentan la misma historia de un pueblo que viene del Reino de Asturias y que ha decidido seguir siendo reconocible.

No es casualidad que el origen del asturiano y el origen de su símbolo más reconocible compartan escenario: el Reino de Asturias de los siglos VIII a X. La cruz de Alfonso III y los primeros documentos con rasgos asturianos son contemporáneos. Quien aprende la lengua y quien iza la bandera están, en el fondo, manteniendo viva la misma herencia.

Leer la bandera

La próxima vez que veas la bandera de Asturias, ya sabes lo que estás mirando: una cruz que dice ser la de Covadonga, donada por un rey en el 908, con el alfa y el omega de lo eterno y un lema en latín que promete protección y victoria, izada cada 25 de mayo en memoria de una junta que se plantó ante un imperio. Toda esa historia, en una tela azul y amarilla.

Y junto a ella, la lengua que nació en el mismo reino y en el mismo siglo. Conocer una ayuda a entender la otra. Si quieres seguir el hilo, empieza por cuándo nació el asturiano.

Fuentes

  1. Principáu d'Asturies — Identidá, símbolos y utilidaes: la bandera d'Asturies y el Día de la Bandera (Abre en nueva pestaña)
  2. Estatuto de Autonomía del Principado de Asturias (Abre en nueva pestaña) (Ley Orgánica 7/1981), artículo 3
  3. Ley del Principado de Asturias 4/1990, de 19 de diciembre, sobre uso de la bandera
  4. Cruz de la Victoria — Cámara Santa de la Catedral de San Salvador de Oviedo (donada por Alfonso III y Jimena, 908)